Por las mañanas me despierta y por las noches me relaja. Su contenido puede variar, pero su aspecto jamas. "Ella es Argentina, como ella no hay!!", dice la canción.
Por aquellos años `50, antes del derrocamiento del `55, yo vivía con mis padres y mi abuela; viuda de un italiano conservador, el cual nunca aprendieron a hablar bien el español, pero si lo entendían muy bien.
En esa época yo apenas era un "pebete", o al menos así me llamaban los grandes, que jugaban al billar en el café cercano a la estación de Primera Junta. Todas las tardes, luego de la escuela, me iba al café de Don Ricardo, donde lo ayudaba barriendo el bar, lavando copas, o sacando la basura hacia la calle.
Siempre me gustó colaborar ahí. En ese lugar descubrí otro mundo, uno que no te cuentan en la escuela, y era testigo principal de todas las charlas que se propagaban entre el humo de cigarrillo, tangos, milongas y alguna que otra mandíbula de lengua floja a causa de la bebida.
Al anochecer, luego de oír historias varias sobre la viveza criolla, por ejemplo, de algún ventajista para poder subsistir una semana o más, gracias al dinero obtenido por algún trabajito, o montones de anécdotas con mujeres, que eran las que mas llamaban mi atención, para así al otro día poder contárselo a mis amigos en la escuela; a las 19 hs entre todo el mar de gente que bajaba del tranvía, en plena Primera Junta, aparecía mi viejo.
Con mis viejo nos tomábamos el café con leche que Don Ricardo nos preparaba, uno como recompensa por la ayuda brindada de mi parte, y el otro, yo lo invitaba a mi padre.En ese momento desde que bajaba de aquel tranvía, que diariamente lo llevaba ida y vuelta de su casa al trabajo, yo ya dejaba de ser el "pebete", para convertirme en uno más, uno que invitaba a alguien a tomar un feca.
Aquellas tardes de los años ´50, de una Argentina que soñaba en grande, y respiraba esperanza. Un padre luego de un duro día de trabajo, se relajaba frente a un joven confidente, su hijo. Es así que hoy tengo mi propia taza, la taza que cada vez que la observo me transporta a aquel otro mundo, el que no te cuentan en la escuela.